En muchas ocasiones los nudos que se forman en el cuerpo de nuestro querido felino pueden llegar a desesperarnos pero, lo más importante, es que también pueden provocar problemas al animal.
En demasiadas ocasiones hablamos de los nudos del pelo del gato como si fueran estructuras con vida, como si de “pequeños seres” se trataran: “se ha llenado de nudos”… como si los nudos tuvieran vida propia y decidieran desembarcar y colonizar el cuerpo del animal.
Un nudo es un amasijo entrecruzado de pelo y a esa situación no se llega por “generación espontánea”, es decir, el nudo no nace, se hace.
El gato, en su atusado diario, consigue que parte de sus pelos, sobre todo si es de pelo largo, se humedezcan, se entrelacen, y formen la inicial matriz de lo que llegará a ser un variable “abultamiento” de enrevesados pelos.
Al gato no podemos decirle que no se atuse, que no se acicale, sería ir totalmente en contra de sus comportamientos innatos de higiene. Somos nosotros los que tenemos que prevenir o evitar o, si nos hemos despistado, solucionar el problema.
El cepillado rutinario consigue deshacer esas matrices iniciales que el gato forma (involuntariamente, que quede claro) con sus rutinas higiénicas; el cepillado consigue, si se hace de forma diaria, evitar que esas matrices, fáciles de desenredar el primer día, no lleguen a ser estructuras que requieran de artilugios más contundentes (peines con cuchillas o cortanudos) para su resolución.
Si tenemos un gato con pelo largo y no le educamos a aceptar la rutina diaria de cepillado desde el principio, sólo existirá una solución para los nudos: el peluquero de mascotas.
Es decir, si el gato tiene nudos, salvo en concretas patologías de la piel, el problema es “gracias” al propietario. Por tanto, evitémoslo y evitaremos problemas secundarios e innecesarias visitas al peluquero.