Panleucopenia infecciosa felina
La panleucopenia infecciosa felina es más conocida como Tifus felino. Esta enfermedad, grave y muy contagiosa, es provocada por un parvovirus y puede ser mortal para los gatitos.
El virus de la panleucopenia infecciosa felina se difunde por contacto con gatos infectados o con sus excreciones, como las heces, la orina o la saliva. Puede resistir en el medio ambiente, por lo tanto, el material (cama, comederos etc.) en contacto con un gato infectado puede ser fuente de contaminación para un gato sano. Por otro lado, las pulgas transmiten el virus entre los gatos. Las personas que manipulan gatos infectados y que no se lavan las manos ni se cambian de ropa, también pueden difundir la enfermedad. Los signos clínicos varían en función del momento de la infección.
Si una hembra gestante contrae el virus, puede transmitir la infección a los fetos y abortar o parir gatitos muertos o que fallecen nada más nacer. Los gatitos que escapan a este destino pueden presentar una minusvalía neurológica denominada ataxia cerebelosa. Cuando el gatito aprende a caminar, hacia las dos semanas, presenta falta de coordinación y de equilibrio, tropieza y tiene espasmos en la cabeza. Los trastornos neurológicos persisten durante toda la vida del gato que, no obstante, puede tener una buena calidad de vida si dispone de coordinación suficiente para comer y beber. Los gatitos infectados después de nacer muestran una aparición repentina de signos clínicos: fiebre, anorexia y depresión.
En general aparecen vómitos y diarrea entre las 24 y las 48 horas, que pueden ser tan graves que algunos gatitos mueren como consecuencia de una deshidratación y un desequilibrio electrolítico. La muerte puede producirse con tanta rapidez que no es posible ninguna intervención terapéutica. No existe un tratamiento específico, pero algunos gatitos pueden sobrevivir gracias a cuidados intensivos en la clínica veterinaria.
Con respecto a la prevención de esta enfermedad debemos saber que el virus de la Panleucopenia infecciosa felina persiste durante mucho tiempo en el entorno y es resistente a la mayor parte de los desinfectantes. Sin embargo, es vulnerable a la lejía. Es necesaria la limpieza diaria completa de la casa, incluidos los recipientes de agua y de comida, las camas y el transportín.
La vacunación confiere una protección excelente contra esta enfermedad, y está incluida en las pautas de vacunación que los veterinarios aplican a los gatitos.
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