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Ponle en forma
Cuando nuestro gato empieza a perder la deseable figura, no sólo debemos plantearnos un problema estético, ya que tras ese aumento de peso se ocultan graves problemas que afectarán, a medio y a largo plazo, a su salud.
Todos los bípedos racionales, los seres humanos, somos capaces, una y cien veces, de plantearnos recuperar la línea perdida. Todos los comienzos de año, con la llegada de la época estival, ante nuestra participación en determinados eventos sociales (bodas, bautizos, comuniones...), nuestras miradas se dirigen a la zona abdominal, a las “cartucheras”, al maldito pantalón que no acaba de alcanzar la cintura... Una y cien veces somos capaces de desesperarnos, de repudiar nuestra compulsiva adicción a los dulces, a las visitas a la nevera, a las tapitas que acompañan a la cerveza...
Nosotros, seres racionales, podemos al menos decidir, si debemos o no, poner freno a nuestros casi irracionales instintos predatorios alimenticios. Pero... ¿y nuestro gato?
El felino domestico, que yo sepa, no es capaz de valorar ante su paso por el espejo del recibidor, que su grasa abdominal cada vez es más y más pendular, que sus depósitos de tejido adiposo comienzan a tener más de una capa sobre sus costillas... Nuestro querido amigo, por muy inteligente que nos parezca, jamás llegará a plantearse que necesita recuperar la forma perdida, por más que sus patas soporten cada vez más peso, o al notar que sus capacidades físicas se ven progresivamente limitadas.
Y es aquí donde los racionales, nosotros, debemos poner todas las cartas sobre la mesa... En primer lugar debemos admitir que la figura que esta tomando nuestro querido gato no es debida a que sea “grande”, ni a que esté “fuerte”... Seamos serios, el gato tiene un problema y éste tiene varias definiciones: sobrepeso, gordo, obesidad...
Una vez que el propietario, por pura convicción, por las continuas indirectas de familiares o vecinos, o tras el certero, claro y conciso diagnóstico del veterinario, se hace consciente de que su gato tiene más peso del deseable, la mitad de la batalla contra los michelines, está ganada.
El que el propietario admita el problema abre de par en par las puertas a la solución, algo difícil cuando la obesidad del gato va unida al mismo problema del propietario; algo complicado en animales que pasan mucho tiempo solos en casa y que “se consuelan” con más visitas de las necesarias a su alimento; algo complicado en animales que no juegan, porque ningún humano de su entorno le motiva a tan sana y desengrasante actividad.
PERO SEAMOS POSITIVOS...
Un gato con sobrepeso o un gato obeso, puede retornar a su deseada forma ideal con una adecuada alimentación y con la colaboración lúdica de su propietario.
En referencia a la alimentación podemos asegurar que los propietarios disponen de suficientes alimentos en las clínicas veterinarias y tiendas especializadas, capaces de aportar los nutrientes necesarios para un óptimo plan de adelgazamiento. Antes de elegir uno u otro alimento, el veterinario deberá pesar al animal, valorar su estado de carnes y proponer un plan completo.
Ahora, siguiendo las recomendaciones del profesional, escogeremos el alimento más adecuado y seguiremos la pauta alimenticia (cantidad y número de tomas) recomendada AL PIE DE LA LETRA.
No “luciremos” ese alimento con pequeñas porciones de jamón York, paté de hígado de oca a las finísimas hierbas, ni otras sugerentes recetas por más que el gato ofrezca al manjar propuesto su más lograda mirada de indiferencia.
Y, en relación al ejercicio, no queremos decir que compremos al animal un chándal, una cinta para el pelo, unas zapatillas de aeróbic y le apuntemos al gimnasio del barrio. Con una oferta de juego diario, en el que el propietario participe y que asegure un mínimo diario de actividad, será más que suficiente.
Nuestro gato puede recuperar la forma perdida con nuestra ayuda, pero lo más importante, lo que jamás debemos olvidar, es que tras la forma perdida, nuestro buen amigo, estará ganando SALUD.
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