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La rabia

La rabia es una enfermedad vírica mortal que afecta a todos los animales de sangre caliente, especialmente a los gatos y a los seres humanos. El virus penetra en el organismo a través de una herida o de las mucosas. La transmisión se produce en general tras la mordedura de un animal rabioso.

Entonces el virus se dirige al sistema nervioso central y provoca una forma grave y letal de inflamación del encéfalo. Aunque la rabia está presente en la mayoría de los países, la incidencia de la enfermedad varía en función de la región geográfica y el tiempo. En muchas partes del mundo la rabia sigue extendiéndose entre las poblaciones salvajes de zorros, glotones de Norteamérica, mapaches y murciélagos. En España la rabia está erradicada.

Los signos clínicos de la rabia en el gato están relacionados con cambios en el comportamiento, especialmente nerviosismo, timidez, agresividad o confusión. Otros signos son descoordinación, desorientación, convulsiones y parálisis. Algunos animales presentan una salivación excesiva, incluso espumosa, como consecuencia de una parálisis de la mandíbula que hace imposible la deglución. El diagnóstico de la enfermedad en el gato se realiza únicamente mediante un examen del tejido cerebral tras la muerte.

Los gatos que tienen acceso al exterior y pueden entrar en contacto con animales salvajes están particularmente expuestos. Por fortuna, la vacuna contra la rabia ofrece una protección excelente. Aun cuando el país donde resida el gato esté exento de la enfermedad, numerosos países exigen una vacunación actualizada, e incluso un título de anticuerpos, para la importación.

El riesgo de contraer la rabia está ligado a la situación sanitaria del país, a la zona de residencia y a la posibilidad de acceso al exterior.

La normativa en cuanto a la vacunación de rabia es variable según el país o la comunidad autónoma que se trate.
El protocolo de vacunación consiste en una primera vacuna después de los tres meses y su primer recuerdo un año más tarde. Las revacunaciones posteriores son anuales.
Sin tratamiento, la rabia es una enfermedad fatal. La mayoría de los gatos infectados mueren a los diez días. Una vez realizado el diagnóstico, la única opción es la eutanasia. La enfermedad puede transmitirse durante el cuidado, cualquier persona que manipule un gato enfermo corre riesgos importantes.


 

 
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